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mujer haciendo lengua de señas

Oídos sordos

En Chile hay 480 mil personas sordas. También hay una ley, vigente desde 2010, que establece normas de inclusión social para personas con discapacidad, como los sordos. Pero ni en las municipalidades, ni en los tribunales, ni en las urgencias de los hospitales hay personal que conozca el lenguaje de señas. Y cada vez que un sordo quiere hacer un trámite común y corriente debe arreglárselas como pueda.

Texto y fotografías: Roberto Farías


Paula 1125. Sábado 6 de julio de 2013.

Javiera Villavicencio es sorda profunda, igual que sus padres y hermana. Estudia tercer año de Pedagogía en la Universidad Católica.

Para este reportaje decidí aprender lengua de señas. Me dije: “Si voy a escribir sobre sordos, tengo que empezar por mí mismo”. Así que me sumergí en esta lengua silenciosa que tiene una gramática entrecortada, sin artículos, preposiciones ni interjecciones, pero que es tan precisa e intuitiva que, a pesar que cada país tiene sus propias señas, un sordo japonés con uno chileno tardan 10 minutos entenderse al 90%. Es imitar, actuar, gesticular.Y gesticulando a lo bruto en las clases, me di cuenta de pronto que a los 480 mil sordos chilenos (según el Censo 2012) les encanta comunicarse con algún oyente que sepa lenguaje de señas. Porque reciben de nosotros tan poco en su idioma, que están ávidos de entender y desarrollarse. Y aquí estoy, dos meses después, chapurrando en señas con Christian Muñoz (31) un sordo de nacimiento y un líder atolondrado y luchador como pocos. La seña que resume su nombre, se hace con cuatro dedos como púas sobre la frente, porque tiene el pelo como Bart Simpson.

Se hizo conocido porque después del terremoto de 2010, presentó el primer recurso de protección contra el Estado en la historia de Chile, exigiendo lengua de señas no solo en el noticiero del mediodía, sino en las campañas de ayuda, las cadenas nacionales, debates presidenciales y noticiarios centrales.

–En el terremoto –dice Christian en señas– los sordos fuimos las primeras víctimas. No hubo información para nosotros en TV, ni en campañas públicas, ni en ninguna parte.

–¿El 27-F algún servicio público usó lengua de señas en las campañas de ayuda para dirigirse a los damnificados sordos?

–Ninguno –dice Christian en señas–. Ni el Servicio Nacional de la Discapacidad (Senadis). Y bastaba una orden del gobierno. Los sordos fueron abandonados durante el terremoto especialmente los de la Octava Región. Sin agua, sin luz, sin comida. Sin información dónde se repartía ayuda. Había militares en las calles. Familias de sordos no pudieron salir en días. Encerrados en sus casas. Totalmente incomunicados. Aislados.

Cuenta que se ofreció a Senadis para ir a traducir la información para los damnificados, pero no quisieron.

Era contradictorio. Solo tres semanas antes, el 3 de febrero de 2010, el gobierno había promulgado la Ley 20.422 que establece normas sobre igualdad e inclusión social de las personas con esa discapacidad. Esa ley reconoció la Lengua de Señas (LS) como lengua oficial para los sordos en Chile y estableció, después de 20 años de reclamos y peticiones que: “los canales de TV abierta y cable deberán aplicar mecanismos de comunicación audiovisual para la población con discapacidad… (asimismo) toda campaña de servicio público financiada con fondos públicos, campañas electorales, debates presidenciales y cadenas nacionales, deberán ser emitidas con subtitulados y lengua de señas”.

Christian Muñoz (31) es sordo de nacimiento y es parte del 6% de los sordos que consigue llegar a la universidad. Entró a leyes, pero se retiró en tercer año. “La universidad no dio facilidades para seguir. Ni beca, ni intérprete, ni evaluaciones diferenciadas. Nada”.

Se promulgó con bombos y platillos en La Moneda.  El propio Christian Muñoz fue invitado y, como estudiaba Derecho, fue presentado en el noticiario de un canal de televisión como “el futuro primer abogado sordo de este país”. Pero tres semanas después, a partir del 27 de febrero, la ley ya era letra muerta.

–Ni siquiera en las cadenas nacionales de despedida de Bachelet (Su seña es hacer el lente en el ojo derecho y una B) o cuando asumió Piñera (el brazo se mueve como la rueda de una locomotora) había lengua de señas. Nada –dice Christian haciendo el gesto de barrer una mesa con las manos–. Nada.

Después de reclamar sin ser oído en ministerios y la presidencia, el 26 de marzo de 2010 Christian presentó el histórico recurso de protección en la Corte de Apelaciones. Exigía que el gobierno y todos los canales de TV abierta cumplieran la ley que acababan de promulgar. La Corte lo admitió a trámite de inmediato, pero con ayuda de un oyente, porque en ningún tribunal del país había, ni hay todavía, intérprete de señas.


Christian Muñoz puso el primer recurso de protección contra el Estado que presenta un sordo en la historia de Chile.

PARE, MIRE, ESCUCHE
–Chile es uno de los países más atrasados para los sordos en Sudamérica–, dice Alexis Estibill, secretario regional de la Federación Mundial de Sordos. Él es hipoacúsico (tiene su capacidad auditiva disminuida). En señas habla fluidísimo. Si no, se esfuerza con un potente audífono para oír y modular palabras.

–Chile está como Perú, Bolivia –dice con una voz nasal y haciendo el signo de desequilibrio con las manos–. Desigual, desigual. Acá te dicen: no se puede. Traiga usted intérprete. Arrégleselas. En hospitales, servicios, universidades, empresas.

Brasil, Argentina, Venezuela y hasta Ecuador nos llevan siglos de ventaja. Un sordo va a un servicio público y hay lengua de señas. O le informan el día y hora que hay intérprete.

–La Asociación de Sordos de Chile capacitó hace poco a 80 funcionarios de 40 municipalidades en Lengua de Señas (LS) –cuenta Alexis–. Pero, ¿ha visto en alguna municipalidad un cartel que diga: acá se atiende en LS, o tal día y hora hay intérprete? ¡En servicios públicos no hay obligación de tener LS! Es solo gente de buena voluntad. En Chile solo un par de médicos saben LS. Un solo sicólogo. Ningún abogado. Ninguna notaría.

–En el resto de Sudamérica, un sordo va al gobierno y le dicen “Ok. Espere, traemos el intérprete. O lo derivamos donde hay. Va a la universidad y le dicen ok, usted solo estudie, nosotros traemos el intérprete”. En casi todo Sudamérica los sordos no pagan en el transporte público. Incluso, en Ecuador tienen 50% de descuento en pasajes aéreos. En Chile cero beneficio–, alega Alexis. Y hace el cero uniendo el pulgar y el índice.


Flavio Pérez repitió toda la enseñanza básica porque no entendía nada. En la sala no había intérprete y él era el único sordo.

DESDE EL PRINCIPIO
Visito a Álex, un niño sordo de 8 años que fue admitido en una escuela especial que tiene un proyecto de integración en Quinta Normal. Oye un poco gracias a un implante coclear que costó 25 millones y le transmite sonido al nervio auditivo. Está en primero básico. No sabe leer. Casi no sabe hablar. El Estado financia los implantes pero no los cinco años de terapia auditiva, que cuestan desde 200 mil pesos al mes. Y Álex, que solo tiene una hora de fonoaudiólogo a la semana, avanza poco.

Se sienta al fondo de la sala. Nadie le explica lo que pasa en la pizarra. La profesora diferencial que asiste a los niños con discapacidad sabe algunas señas, pero no es especialista en sordos. Por lo mismo Álex sufre, grita, gime. No quiere ir y no lo quieren aceptar en otra escuela mejor, porque ya está muy atrasado.

–Así empieza la educación para los sordos en Chile– dice Jennifer Araos, su mamá.

Desde el año que nació y descubrió su sordera, ella pelea, golpea puertas, persigue cupos. Por eso muchos se rinden. Es agotador. Conoce padres que tiraron la esponja por educar a sus hijos sordos. Y los dejaron crecer a su suerte. Eso le sucedió a Flavio Pérez un sordo de 21 años, esmirriado y de ojos vivaces.

“¿Ha visto en alguna municipalidad un cartel que diga: acá se atiende en Lenguaje de Señas? ¡En servicios públicos no hay obligación de tenerlso! Es solo gente de buena voluntad. En Chile solo un par de médicos saben Lenguaje de señas. Un solo sicólogo. Ningún abogado. Ninguna notaría”, alega Alexis Estibill, secretario regional de la Federación Mundial de Sordos.

–Mi familia jamás aprendió lengua de señas– dice Flavio en señas–. Hablaban entre ellos en la mesa y yo preguntaba y no me respondían. Años así, solo conversando lo básico: necesitas ropa, hay comida, no hay plata. Pero hablar de mi estado de ánimo,  mis rollos, era complicado. Al principio mi mamá se esforzó, pero luego me puso en un colegio normal con integración y ahí quedé, sin entender nada. A los 13 años no sabía leer ni escribir.

–Repetí toda la enseñanza básica, luego me pasaban de curso por lástima –dice Flavio– a muchos sordos les pasa lo mismo.

Recién a los 13 años y todavía en 5° básico, vio otro sordo por primera vez en su vida. Antes pensaba que venía de otro planeta. Que solo a él le pasaba esto. Y el otro sordo hablaba y hablaba en lengua de señas porque venía del colegio Guillermo González Heinrich, una escuela para sordos de Ñuñoa. A Flavio se le abrió el mundo. ¡Por fin pudo comunicarse con alguien a los 13 años! Él mismo hizo que sus padres lo llevaran a otra de las cinco escuelas para sordos que hay en Santiago: la Agnes Sullivan de Los Morros, en San Bernardo. Ahí aprendió a leer y a escribir y tuvo amigos por primera vez. ¡Todo a través de señas!

Hoy va a un liceo para adultos en Avenida Matta que tiene un Proyecto de Integración Escolar, es decir un intérprete en aula. Lo acompaño a clases de historia. Las niñas se maquillan, los hombres escuchan música, gritan, pelean. A la profesora nadie la toma en cuenta. En medio del bullicio, los únicos que prestan atención son Flavio y otros cuatro sordos. En su silencio privado dialogan de tú a tú con la intérprete de señas Caroline Reyes, una testigo de Jehová que les explica el power point con la materia. Pero Flavio luce desganado.

–Acá, hacen clases malas –dice–. Muy poca materia. No sirve para la PSU. Un sordo recibe mala educación, siempre.

Con esa base, solo 6% de los sordos entra a la universidad según Senadis. Pero casi por la ventana.

Jorge Carvajal, por ejemplo, cumplía edad, puntaje y notas y se matriculó en el Inacap de La Serena en 2009. Cuando supieron que era sordo, lo citaron a la dirección.

Como era miembro de la Asociación de Sordos, Alexis Estibill fue en su ayuda ante Inacap. Querían hacerlo firmar un documento que los eximía de responsabilidad si él no podía cumplir las exigencias académicas.

–O sea –le respondió Alexis leyendo entre líneas– que si un alumno en silla de ruedas tiene clases en el quinto piso y no hay ascensor, ¿es culpa del alumno? ¿Eso nos quiere decir?

A regañadientes lo aceptaron y Jorge, con escasa colaboración de Inacap, acaba de terminar Electrónica. Porque de 6% que llega a la universidad, poquísimos terminan sus carreras.

El propio Christian Muñoz (31) el “futuro primer abogado sordo de este país”, solo llegó a tercer año porque no pudo seguir por falta de intérprete y la poca adaptación de la Universidad Central.

–No dio facilidades para seguir –dice Christian–. Ni beca. Ni intérprete. Ni evaluaciones diferenciadas, nada. Y hace su gesto preferido de barrer la mesa con las manos: Nada.

Senadis, desde hace unos años subsidia a los sordos que llegan a la universidad hasta con dos y medio millones anuales para pagar un intérprete.  Más de 60 sordos de todo Chile postularon a este fondo de 50 millones a fines de 2012. Alcanzó solo para 20.


Javiera Villavicencio dice que, al igual como existe el sexismo o el machismo, los sordos sufren audismo.

¡AUDISMO!
Igual que el racismo o el machismo, los sordos dicen que ellos sufren audismo.

Javiera Villavicencio (21), mi profesora de Lengua de Señas, es sorda profunda. Sus padres y dos hermanas también. Estudia tercero de Pedagogía en la Universidad Católica. Tiene intérprete pagado por Senadis, pero solo para las clases. Así que a veces almuerza en el centro y trata de ubicar un boliche con TV donde esté puesto el canal con el recuadro en lengua de señas para ver las noticias al mediodía. Como es lo único que hay en la tele con intérprete, no se las pierde. Ella prefiere a la intérprete Andrea González, porque es más rápida; su papá, al intérprete Alejandro Ibacache, porque contextualiza más las noticias.

–Pero siempre –cuenta ella– algún oyente llama al garzón y dice: cambie el canal, me molesta el recuadro ese donde hablan como monos.

Así, literal. Ella lo sabe porque lee nuestros labios y gestos.

–¡Audismo!– dice ella.

La acompaño a una escuela de conductores. Quiere sacar licencia y cumple con todos los requisitos de la ley: educación básica y mayor de 18 años.

–No tenemos personal capacitado– se excusan. Ella explica que no necesita nada especial. Solo el libro y clases prácticas. Le dicen que vaya a la municipalidad y, si la autorizan a manejar, ellos verían la posibilidad.

En la Dirección de Tránsito de la Municipalidad de Providencia, no había intérprete. El funcionario que toma el examen sicotécnico le dijo no estar capacitado para decidir. En la Municipalidad de Santiago, lo mismo. Quedó en el limbo y en la impotencia. “¡Audismo!”.

En diciembre pasado, Javier Canihuante, de 16 años, cayó desfallecido por un infarto en el Liceo Politécnico de Antofagasta. Estuvo en la UTI y luego en la UCI del Hospital Regional El Salvador. Le decían, estás enfermo. “¿De qué?”, preguntaba él.

Nadie sabía explicarle. Pasaron los días. En su familia nadie sabe lengua de señas. Solo lo básico. Durante cinco días ignoró qué le había pasado. La madre tuvo que contratar un intérprete para que un médico pudiera darle indicaciones médicas básicas.

–Si hay intérprete o alguien sabe lengua de señas –dice Javiera– ¡Ya no soy discapacitada!


Alexis Estibil, secretario de la Federación Mundial de Sordos, asegura que Chile es uno de los países más atrasados para sordos en Sudamérica.

UN ERROR EN LA LEY
Lo que pasó con el recurso de protección de Christian Muñoz es digno de una pantomima entre sordos y oyentes. La Corte de Apelaciones de Santiago lo rechazó porque la Ley 20.422 tenía un inciso 6° (que los sordos desconocían) que decía: “El Estado, en conjunto con la comunidad de personas con discapacidad auditiva, definirá, en un plazo de tres años, el lenguaje de señas chileno”. Mientras eso no sucediera, no se podía exigir lengua de señas en Chile. Y caso cerrado.

Christian pidió que el intérprete lo repitiera y cuando entendió, no lo podía creer. ¡La ley aprobada tenía un tremendo error!

–¿Qué había que definir, si la lengua de señas es una sola y muy antigua?– se preguntaba.

El error se produjo cuando los diputados de la Comisión de Superación de la Pobreza de la Cámara –que redactaron la ley– entrevistaron a dirigentes de agrupaciones de sordos. Entre ellos a José Antonio Olivares, de la Asociación de Sordos, que explicó:

–También hay señas, distintas, en ciudades o lugares, de Chile.

Así como los oyentes hablan cantadito en Chiloé o con acento peruano en el norte. También hay diferencias locales, quería decir Olivares en señas. Pero el intérprete del Parlamento tradujo mal. Así se lee en la historia de la Ley 20.422:

–Hay distintas lenguas de señas, en distintas ciudades o lugares de Chile.

El gesto señas (palabras) es igual al gesto Lengua de Señas: las dos manos abiertas rotando. Depende de la frase y contexto. Lo curioso es que los diputados votaron la ley y fijaron un plazo sin consultarle a ningún sordo o experto.

Christian buscó corregir este error. Golpeó muchas puertas hasta que la diputada Andrea Molina aceptó presentar un nuevo proyecto de ley (la 20.602) para derogar ese inciso 6° de la ley fallida. Dos años tomó el trámite. Recién el 5 de octubre de 2012 se volvió a lanzar la Ley 20.422 y a reconocer la Lengua de Señas, como la lengua oficial de los sordos en Chile y de nuevo a desempolvar los bombos y platillos y todos a La Moneda.

En diciembre, Javier Canihuante (16) tuvo un infarto en Antofagasta. Estuvo en la UTI y luego en la UCI del hospital regional El Salvador. Nadie podía explicarle qué le había pasado. Porque nadie en el hospital conocía el lenguaje de señas.

Las reuniones previas con los parlamentarios y los sordos   –cuenta Christian– los canales de TV agrupados en Anatel se comprometieron junto a Senadis, a aumentar la lengua de señas en la programación. Programas de niños con LS. Entretención con LS. Las noticias de las 21:00 con LS. ¡Sonaba espectacular!

–Y aquí estamos, igual que antes– dice Christian frustrado–. Hay Lengua de Señas Oficial, hay ley, pero si un sordo va a un consultorio o a Impuestos Internos, tiene que llevar un intérprete. No hay ni monos animados ni programas de debates con lenguaje de señas. Y hace el gesto de barrer la mesa con las manos:

–¡Nada! ¡Para sordos, nada!

Christian, en el intertanto, creó la Fundación de Sordos de Chile y ya quiere salir a protestar como hicieron mil sordos norteamericanos en 1970. Un mes sentados frente a la Casa Blanca. En completo silencio. Gritando por señas. Intentando ser escuchados por los oyentes. En Senadis responden que continúan trabajando para implementar y fiscalizar en la TV el cumplimiento de la Ley de Lengua de Señas. Lo mismo que habilitar intérpretes en los servicios públicos. Pero avances concretos, no se ven. Ese mismo día 5 de octubre cuando invitaron a Christian Muñoz a La Moneda como un héroe por darse cuenta del error y lograr derogar el inciso 6°. ¡No había intérprete como decía la misma ley!

 

Fuente: Paula.cl

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